SER MUJER, INDÍGENA Y TEJEDORA, por Celerina Ruíz Núñez

RELATO DE Celerina Ruíz Núñez

Mi infancia:
Nací en la comunidad de Oventic Chico, en el año de 1980, Municipio de San Andrés Larráinzar. Mis primeros estudios los llevé a cabo en mi comunidad, casi al terminar la primaria soñaba con ir a estudiar a la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Para una mujer indígena, es difícil que sus padres le den permiso para seguir con sus estudios en otro lugar lejano a la comunidad. La mayoría de las mujeres terminan su primaria, y se dedican al tejido o bordado de blusas, preparan los alimentos para la familia, trabajan en el campo o se van a cortar café en otros sitios; se casan, tienen hijos, algunas veces son maltratadas por su esposo.
Las mujeres cuando tenemos la idea de salir a estudiar, no sólo los padres se molestan sino también la gente que vive en la comunidad, se burla de nosotras piensan que: “estas mujeres ya quieren salir para buscar hombres”, enfrentarse a estos comentarios es difícil porque no entiendes qué pasa y porqué no tenemos este derecho de estudiar libremente.

La Cooperativa Jolom Mayaetik:
La Cooperativa Jolom Mayaetik, se fundó en 1984, cuando apenas tenía cuatro años; las mujeres fundadoras lucharon fuerte para conseguir sacar adelante esta organización y ayudare un poquito para comprar sus cosas que necesitan en la familia. Además de que les gusta mucho encontrarse con otras tejedoras y platicar entre ellas, aprendieron muchas cosas en su camino; hasta cómo irse enfrentando con la gente del gobierno porque la verdad antes y ahora es difícil que tomen en cuenta las verdaderas necesidades de las mujeres indígenas.
Así en el año de 1997, las mujeres de mi comunidad se organizaron éramos seis y formamos un grupo de artesanas para ingresar en la Cooperativa Jolom Mayaetik, ellas me eligieron como Representante del grupo. Así tuve oportunidad de comenzar a participar en las asambleas generales y en las actividades políticas de la organización de mujeres. Aún recuerdo que la primera vez que asistí a una asamblea de la cooperativa en la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas, me costó encontrar la oficina, me perdí, después de un tiempo la encontré.
En el año de 1999, por fin, tuve la suerte de salir de mi casa y gracias a la Cooperativa, a la organización de mujeres, porque ellas confiaron en mí y me invitaron a formar parte del Equipo de Producción para elaborar “nuevos diseños”.
Al principio, estaba muy contenta, pero después de tres semanas, me costaba trabajo estar aprendiendo el manejo y uso de la máquina de coser, sentía miedo en la Ciudad; entonces, una compañera que se llama Celia me animó a seguir adelante y poco a poco me fui acostumbrando.
Pienso que una razón era porque no hablaba bien el español, entonces, me costaba mucho vivir en la Ciudad, pero en mi pensamiento seguía la idea de estudiar terminar mi secundaria, preparatoria y llegar a la Universidad. Me di cuenta que trabajar y al mismo tiempo estudiar no es fácil, pero por lo menos tenía yo el apoyo de la organización, y poco a poco fui aprendiendo a convivir con otras personas.

La Mesa Directiva:
En el año de 2003, las socias y Representantes de la Cooperativa, me nombraron Presidenta de la organización, no quería aceptar este cargo, en ese tiempo, no sabía manejar una computadora, me faltaba aprender más el español, era tímida. Anteriormente, había estado como Presidenta la compañera Rosalinda, entonces, ella me fue enseñando a perder el miedo a usar la computadora, a contactar con los clientes que la cooperativa tenía en otros estados y países, cómo contestar el teléfono y responder correos electrónicos.
Ser Presidenta de una organización no es fácil, es demasiada responsabilidad, porque una debe tener paciencia, escuchar a las mujeres cuando se acercan a la Mesa Directiva, atender a las Representantes de cada grupo, responder a sus dudas que tienen, también aprendí a dar pláticas o conferencias a otras organizaciones, escuelas sea universidades o foros en otros estados y países, recibir las prendas de las mujeres, etiquetar cada producto, empacar los pedidos principalmente cuando se tienen que enviar a otros países, hay que llenar muchos papeles, hacer trámites, luego tengo que preparar mis paquetes contables mensuales, cuando ya lo tengo listo hay que llevarlo a la contadora de la Cooperativa, porque así la contadora puede informar a la organización de cómo estamos en las ventas y los gastos, también tengo que visitar las comunidades y resolver problemas cuando se presentan junto con las Consejas de Vigilancia y compañeras de Kinal Antsetik, todas juntas pensamos y vemos cómo resolver un problema, llegamos a un acuerdo y lo importante es siempre buscar una solución y seguir adelante.
Nuestro trabajo cuando tenemos cargos en una organización no es fácil, pero aprendemos mucho. La Mesa Directiva anterior, cuando estaba la compañera Rosalinda, ellas enfrentaron problemas fuertes, porque en las calles las molestaban, les gritaban cosas feas, llegaba la policía y entraba a la tienda, recibían amenazas de muerte, no sólo ellas sino también amenaza para la Yolanda, nos hablaban a la tienda por teléfono y les decían que las iban a matar o a violar. Pienso que cuando las mujeres decidimos organizarnos al gobierno no le gusta, si estas callada no te molesta pero si comienzas a luchar ya no le gusta nada. La Rosalinda, Yolanda, Micaela, Cecilia y otras compañeras hablaban fuerte, iban a marchas, luchaban por nuestros derechos, ayudaban a otras compañeras y compañeros porque el ejército entraba en sus comunidades, entonces, unas traducían todo lo que le había pasado a la gente, si habían entrado a sus casas el ejército, si habían asesinado a personas, todo lo sacábamos, luego se iban a los derechos humanos y daban conferencias de prensa. Ellas llegaron hasta otros países a denunciar lo que el ejército estaba haciendo en las comunidades indígenas. Fue un tiempo difícil, la Cooperativa Jolom Mayaetik participaba también en las Coordinadoras de la Resistencia Civil, ellas se iban también con otras compañeras como la Marla, Pati, Juana María y el compañero Daniel a visitar otras comunidades para avanzar en la lucha.
Nosotras sabíamos que teníamos que compartir todo con otras organizaciones que estaban luchando, la camioneta, oficina, teléfono, lo que podíamos servía para salir adelante y organizarse.
En los últimos tres años de mi cargo, ya no podía salir a otros países a vender y dar plática, las mujeres de la cooperativa me dieron permiso de estudiar, estaba muy contenta aunque era muy difícil atender todo mi trabajo y estudiar para mis exámenes, trabajos que me dejaban y tenía que organizarme bien aunque a veces andaba muy desvelada. Los viajes solo los hacía cuando estaba de vacaciones, aquí me ayudó la compañera Bárbara, con ella viajé algunas veces y aprendía mucho me explicaba lo de los clientes, me ponía de acuerdo con ella para dar las pláticas y me ayudaba a traducir lo que decía al inglés.
En el año de 2008, en la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas, se llevó a cabo el cambio de Mesa Directiva, había logrado cumplir con el tiempo que me correspondía y también había terminado mi preparatoria. La verdad estaba muy contenta pero cansada, necesitaba un tiempo para descansar y pensar qué iba a ser de mi vida.
Entonces, decidí ir a vivir a la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, quería tener otras experiencias, metí solicitudes de trabajo a tiendas, por fin, en una joyería me aceptaron porque todo lo que aprendí en la organización me sirvió y rápido la dueña se dio cuenta y me nombró como responsable de la tienda. Había rentado un cuartito y lo compartía con otra compañera, así conocí esta Ciudad.
En mi cabeza seguía pensando en la organización, me daba cuenta que no podía dejarla, que era importante seguir adelante y comprometerme con las mujeres de las comunidades. Porque gracias a la cooperativa y a las compañeras de Kinal Antsetik, había logrado avanzar, me di un tiempo y después de un año regresé a trabajar, ahora estoy contenta, es mucho trabajo y responsabilidad pero tenemos el sueño de que un día más mujeres indígenas se organicen y podamos luchar juntas para cambiar nuestra situación de pobreza y de falta de respeto a nuestros derechos como mujeres indígenas.
Quiero llegar a la universidad y que otras mujeres también tengan la oportunidad de hacerlo, porque una mujer indígena cuando estudia se abren muchos caminos y nuestro pensamiento es más grande, pero hay que estudiar no sólo pensando en nosotras mismas sino también en cómo podemos avanzar para que la pobreza, la represión, la explotación en nuestro país no siga adelante. Queremos un Centro de Mujeres para otras mujeres que estén dispuestas a luchar y comprometerse con las comunidades indígenas.

Celerina Ruíz Núñez.
Febrero de 2009.

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1 comment so far

  1. oscar de jesus pernia: on

    buenos dias compañeros a mi megustaria que se montaran inforamcion mas de cerca de las familias y el rool de las mujeres en sus comunidades y como son tratadas por sus compañeros y cual es el papel que cumplen con los cabildos y autoridades, para la pervivencia como cultura y politico organizativo, gracias


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